sábado, 11 de febrero de 2012

LA HISTORIA DE ¡¡¡¡OH!!!!! Norma Yamille Cuéllar

 


Soy una joven tan joven que entré a la primaria en el año 1983: niña inocente, cándida, con desvaríos mentales varios (hasta la fecha) y siempre buena estudiante, de las que sacaban puro 10 y sacar 9 significaba regaño en la casa, pero en clases me distraía cada 5 segundos. Los compañeros y los juegos me aburrían, las maestras me odiaban. 

Me encantaba leer pero a la estúpida maestra le gustaba cómo leía yo en voz alta, exagerando las exclamaciones y las interrogaciones y estirando las letras hasta el punto de la aberración, y la maestra se deleitaba mandándome al frente del salón para leerles a todos, y cuando terminaba mi texto, el camino hacia mi pupitre me parecía kilométrico, aguantando las miradas y los susurros aderezados de bullying que todos me dedicaban. 

Como si fuera poco, los libros de texto eran inmisericordes: 

Acitrón de un fandango, 
zango, zango, sabaré, 
sabaré de farandela, 
con su triqui, triqui, trán. 

Por la vía voy pasando, 
por la vía pasa el tren, 
acitrón de un fandango, 
zango, zango, sabaré. 

Antonio tenía una flauta, 
con ella se divertía 
y vamos a dar la lata 
a la 
casa de su tía, 
con su triqui, triqui, trán.
·         Y aquí va otra joyita:
En el país del pan
Conocí al bolillo
También al mazapán
De color amarillo
El rey de este país
Hizo este rico pan
Con un poco de maíz
Y con la miel de un panal.

Hago un paréntesis para decir que la educación en México está dirigida por unos jijosdeputa puñeteros mindundis panolis, así que tratan a los estudiantes como retrasados mentales y hacen lo posible por alejarlos de la lectura y acercarlos a las telenovelas de Televisa… donde generalmente se mandan mensajes de que los ricos son malos y es más noble ser pobre con corazón de oro. 

En el año 1984 mi madre tenía dinero en el banco (hago énfasis en el año 1984), y con los intereses de ese dinero compró enciclopedias y nos llenó el librero de… ¡libros! Ese año fue de los mejores de mi pervertida y desangelada vida… tomos y tomos de La Enciclopedia de las Ciencias Naturales, Enciclopedia de las Ciencias, Enciclopedia Salvat, Enciclopedia Autodidáctica Quillet, Nueva Enciclopedia Didáctica Grolier,  Enciclopedia de la Vida Animal de Bruguera… me la pasaba devorando todos los libros y olvidaba comer, jugar, ver televisión, hasta ir al baño, lo que provocó más tarde una serie de incidentes con mi ropa interior, el caso es que estaba feliz de la vida y ese año del 84 fue uno de los más gozosos… 

HASTA QUE: 

Un día me puse a explorar los cuartos vacíos de la casa y encontré unas revistas pequeñas apiladas en el piso, impresas en papel de pulpa y a todo color… se llamaban El Libro Policiaco y El Libro Vaquero… ¡y mi vida se volvió aún más gozosa! 

En los años ochenta la empresa Novedades Editores sacaba una larga lista de libros de bolsillo y el porcentaje de lectores de El Libro Vaquero, por dar un ejemplo, se repartía de esta manera: 66% albañiles, artesanos, obreros, choferes y plomeros; 72% hombres y 28% mujeres. Para que se den una idea, El Libro Vaquero vendía, en sus buenas épocas, de 20 a 40 millones de ejemplares al año.
¿Cómo llegó ese tesoro a mi casa? Pues resulta que un tío las compraba y las guardaba en ese cuarto abandonado para después revenderlas a, precisamente, albañiles y choferes. No podía esperar el momento de salir de clases y llegar a mi casa para ir al cuarto del tesoro, esconder varias revistas entre mi ropa y mi estómago y encerrarme en mi habitación para ¡¡¡LEER!!! Pero El Libro Vaquero, con sus escenas de pueblo y hombres… pues, vaqueros, “con la arrogancia del gringo pero con el corazón del mexicano, que pelea a muerte por una mujer”, me gustaba menos que El Libro Policiaco, con sus policías y detectives investigando casos criminales. 

En las portadas de las revistas habían escudos y/o logotipos de New York Central Park Police Station, Chicago North Brigade, Miami Port Investigation, según esto porque eran historias verídicas.
Aquí les van unos títulos: 

·         New York Central Park Police Station: Ballet trágico
·         Chicago North Brigade: Festividades sangrientas
·         New York Central Park Police Station: Manos de seda
·         Golden Gate Police Division: Bestias del camino
·         Golden Gate Police Division: Envenenadores
·         New York Central Park Police Station: El jarrón delator
·         Miami Port Investigation: Juego sucio
·         Golden Gate Police Division: Danza trágica
·         Chicago North Brigade: Fiesta sangrienta
·         Golden Gate Police Division: Pasión fatal
·         Miami Port Investigation: Los falsificadores
·         Golden Gate Police Division: El rey de la noche
·         New York Central Park Police Station: Sólo para mujeres
·         Golden Gate Police Division: Bellas en peligro
·         Chicago North Brigade: La impúdica Salomé
·         Miami Port Investigation: Mente perversa

Así fue que me sumergí en esas historias increíbles como una donde un par de amantes huyen del malévolo esposo de la chica, pero el malo es un seguidor de la cetrería, así que les manda un halcón para que los persiga y les saque los ojos… y la historia de la Miss Universo a la que sus enemigos le pusieron veneno en los ganchitos de la corona, el cual penetró su cráneo rápidamente, dejándola bien muerta… ¿cómo no va a enamorarse un niño de tales historias, que alimentan la imaginación?  

Lo más genial eran las escenas de sexo entre las mujeres voluptuosas de cabello negro azabache y los musculosos de mandíbula cuadrada, de las cuales no entendía nada, lo que se dice ni madres… los personajes estaban ahí sin ropa en posiciones varias y había descripciones como: “Ella dejó de pensar para fundirse con él en un solo cuerpo”, “Ella se hundió entre los ‘ay’ de pasión que pronto la llevaron al orgasmo y se rompió en miles de pedacitos”… palabras como “concupiscencia”, “lascivia”, “orgasmo”, todo lo cual sólo me confundía, ya que pensé que cuando tuviera mi primer orgasmo me iba a romper como jarrón de la dinastía Ming. 

El Libro Vaquero y El Libro Policiaco están entre los placeres culpables de millones de mexicanos, pero una mujer no quiere estar en el camión sentada a lado de un pelado que está leyendo esas revistas, porque si te fijas en su bragueta puedes notar que trae una notoria erección… y unas tremendas ganas de follar. Pero todo este rollo no ha de perturbarlos, ya que, como escribieron Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra en su obra Puros Cuentos, “el pueblo mexicano se inició en la lectura, precisamente, con las historietas”.

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